La UWTSD escala posiciones y se coloca en octavo lugar del ranking de instituciones mejor valoradas en Reino unido.


La Universidad de Gales Trinity Saint David, institución que otorga las titulaciones de la Escuela Superior de Comunicación y Marketing (ESCO) por ser este centro adscrito, asciende a octavo lugar del ranking de universidades mejor valoradas del Reino Unido en la categoría “satisfacción de los estudiantes”.

Universidad de Gales Trinity Saint David Acto de Graduación UWTSD Swansea

La UWTSD ha vuelto a subir por cuarto año consecutivo en el ranking elaborado por la Complete University Guide (CUG), ascendiendo 13 puestos en la liga de universidades.

La Complete University Guide compara 130 instituciones de educación superior del Reino Unido y mide 10 parámetros, entre ellos “Satisfacción de los estudiantes”, “Ratio docentes-estudiantes” y  “Perspectivas profesionales de los graduados”.

Campus UWTSD Swansea

Mirjam Platinga, Responsable de Satisfacción Estudiantil en la UWTSD, destaca que estos resultados confirman que los estudiantes valoran la apuesta de la Universidad Trinity Saint David por “la docencia personalizada, los grupos de estudiantes reducidos y el apoyo académico a los estudiantes. La estrecha cooperación con los estudiantes ha sido crucial para alcanzar estos resultados”.

 

Javier Velasco: «Todos los tomates, también los ecológicos, tienen genes»


Javier Velasco, biotecnólogo granadino (de adopción):

Ana Sonia Navarro Blanco. Alumna de Comunicación de ESCO. 

Una de las figuras más relevantes dentro del ámbito biotecnológico nacional es Javier Velasco Álvarez. En la actualidad es divulgador, inversor y consultor en varias empresas y proyectos del sector de la biotecnología, tanto nacionales como internacionales; además, ha recibido numerosos premios a lo largo de su carrera. Él ha sido el protagonista en la entrevista a la que se han enfrentado los alumnos de segundo de Comunicación de ESCO. La conversación se ha desarrollado en un ambiente agradable debido a la cercanía de Velasco, un granadino de adopción que no ha escatimado explicaciones sobre todos los asuntos que se le han planteado. Desde el veganismo al PTS, pasando por la fuga de cerebros, el mundo empresarial, los transgénicos y la comunicación, nada le resulta ajeno a este experto. Y el entusiasmo y la pasión con la que habla los transmite a su audiencia.

¿Es complicado establecer una EBT (empresa de base tecnológica) en Granada?

Javier Velasco: En España nos hace falta cultura de la innovación. Tenemos menos recorrido que otros países, porque es preciso entender que la innovación y la investigación no son un lujo. De ahí que los países más desarrollados sean los que han invertido más en I+D+i. Pero los resultados no se ven de un día para otro; un ejemplo de esto puede ser el caso de Corea del Sur: de sociedad rural y analfabeta a puntera en tecnología en menos de cincuenta años. España no cree en la investigación y faltan estructuras de apoyo para que una empresa de base tecnológica se desarrolle. En el caso del PTS de Granada, hubo aciertos y errores. Ha habido apoyo, pero poco conocimiento. Es necesario crear una estructura y una cultura de la innovación… y esto lleva mucho tiempo.

¿Considera que la inversión pública en el PTS es suficiente?

J.V. La inversión en el PTS de Granada ha sido enorme ‒unos 600 millones de euros aproximadamente‒  desde que empezó el proyecto hace 20 años. Pero el 90% se dedicó a edificación ‒hospital, facultades…‒ y material tecnológico. El problema es que no se ha hecho el mismo esfuerzo por contratar a personal y especialistas de prestigio. Creo que más que cantidad de inversión pública, hay que saber cómo y dónde invertir, ya que con mucho menos se podría haber hecho mucho más. Tanto en Granada como en España las administraciones tienden a repartir fondos, de forma más o menos equitativa, a muchos grupos de investigación, en lugar de estudiar qué ámbitos concretos y qué grupos concretos merecerían una mayor inversión. En mi opinión, falta hacer un análisis previo para saber dónde focalizar la inversión y, después, un seguimiento para que de esos fondos se obtengan resultados.

Todos conocemos personas con una gran formación académica que se han visto obligadas a emigrar para buscar trabajo…

J.V. La persona que estudia una carrera investigadora necesita salir del país para completar su formación. El problema es que en España se invierte mucho dinero en su educación y cuando ya esas personas son productivas no tienen dónde volver. Son muchos los países que están encantados con esta situación, porque se quedan con los investigadores mejor formados, sin haber empleado un euro en su educación.

¿Considera que la formación que imparte la universidad está orientada a cubrir las necesidades reales de las empresas o hay un desfase entre lo que la una ofrece y las otras demandan?

JV. Las universidades públicas se alejan de lo que las empresas piden. Su dinámica se centra en la colocación de profesores y no en la necesidad de formación e investigación. Además, las universidades más antiguas viven de la marca y creen tener el monopolio del conocimiento. Pienso que tienen que abandonar esa idea, ya que, actualmente, el conocimiento también está en las empresas. Y la transferencia de esos saberes debe ser bidireccional.

¿Qué importancia tiene la comunicación en el sector de la biotecnología?

J.V. La comunicación es muy importante porque hay que explicarle a la sociedad, a todos los niveles, para qué sirve lo que estamos haciendo en el sector de la biotecnología. Pero en muchos casos no se ha hecho tarea de formación y comunicación. Esto ha ocurrido con los transgénicos: primero, al elegir la palabra transgénico; y segundo, al dar por hecho que cualquier persona sabe qué es. Cuando buscas en Google transgénico, aparece una persona ‒con cara de loco‒ inyectando una jeringuilla en un tomate. Si la comunicación no es buena, se crean alergias en las personas, es decir, se produce un rechazo visceral, no racional, hacia tecnologías concretas de las que no están informados.

¿Tan grave es la situación?

J.V. La fundación BBVA hizo una encuesta en varios países europeos. Una de las cuestiones que se planteaban era la siguiente: «Los tomates ordinarios que comemos no tienen genes, en tanto que los tomates modificados genéticamente sí». Sólo el 21,9% de los españoles consultados dijo que esa afirmación era falsa. Todos los seres vivos tienen genes y, por lo tanto, los tomates ‒que provienen de las plantas‒, incluidos los ecológicos, también los tienen. Otro ejemplo es el tema de las células madre. Si le preguntas a alguien si está a favor o en contra de ellas, te va a responder que está a favor porque son madres. Aún así, no saben a ciencia cierta qué son. En definitiva, tenemos mucho que hacer en materia de comunicación porque tenemos un déficit en esa parcela. La ciudadanía, en general, ha olvidado que la biotecnológica está con nosotros desde hace miles de años: desde que existe la agricultura, y también el pan, el vino y el queso, sin ir más lejos.

¿Cuál es su opinión respecto a la situación de la mujer en el sector biotecnológico?

J.V. La presencia de la mujer ‒en el empleo global‒ en el sector biotecnológico es mayor que la del hombre. En el caso de Neol Bio, por ejemplo,  la plantilla la componían 27 mujeres y 8 hombres. Es verdad que los puestos de toma de decisiones los ocupan más hombres. Por otro lado, en el ámbito biosanitario hay más mujeres, pero en algunas ingenierías ‒como telecomunicaciones o informática‒ predominan los hombres. Lo que resulta incuestionable es que la presencia de la mujer en altos cargos es minoritaria. Sin embargo, nuestro sector, no es machista y no hay problema con estas diferencias.