Lola Piña: “El diseño y la creatividad deben cohabitar con la rentabilidad de una empresa”


Lola Piña es una emprendedora hecha a sí misma. Se define como empresaria por “obligación”, aunque reconoce que es algo que decidió. Si le preguntas por sus referentes, no lo duda ni un segundo. Descubrió el mundo de la confección gracias a su madre. Conoció los entresijos de la moda de la mano del gran Manuel Piña. Y continuó su profundo aprendizaje junto a Sybilla. De su proyecto, Al Dedal, centrado en la recuperación artesana del oficio de modista. Insiste en conceptos como oficio, artesanía, calidad y confianza.

Las pequeñas empresas y los diseñadores independientes se irán haciendo sus pequeños huecos gracias a las nuevas tecnologías.

Al Dedal es un proyecto que demuestra que emprender no es una quimera, que es una realidad.

Ha habido un retroceso en la cultura de moda, deberíamos volver al consume menos y consume mejor.

Pregunta ¿Cómo ve el panorama de la moda en España?

Respuesta: Creo que está en función del panorama de la moda internacional. Estamos en un momento de cambio, de continua transformación, de continua reinvención y, por tanto, es un momento interesante porque es arriesgado, que invita a la revolución, a hacer, proponer y ejecutar. Es un buen momento.

P: ¿Hacia dónde cree que va esta industria?

R: En un momento en el que hay una oferta de moda muy amplia, creo que nos dirigimos a una mayor diversificación, que vendrá muy definida por las grandes compañías porque el público, cliente o consumidor no quiere verse masificada. También vamos hacia la entrada de las pequeñas empresas, de los diseñadores independientes que, a través de las nuevas tecnologías van a ir haciendo sus pequeños huecos en el mercado.

P: Entonces, ¿considera que la tecnología está jugando un papel fundamental en la creación de microempresas y en la labor de jóvenes diseñadores?

R: La tecnología bien utilizada y aplicada es útil y fundamental a todos los niveles, tanto para pequeñas empresas, autónomos, como grandes empresas. Cada uno la adapta a sus necesidades. Aunque a veces, la tecnología nos dé un poco de miedo, nos resulta muy útil a los autónomos porque nos permite utilizar herramientas y recursos a los que de otra forma no tendríamos acceso. Estamos empezando, pero gracias a la tecnología 3D, que nos va a permitir construir prendas en 3 dimensiones, se nos abrirán nuevos caminos y vías.

P: Respecto a su proyecto, Al Dedal, cuya filosofía se basa en la recuperación artesana del oficio de modista. ¿Cree que puede servir de inspiración o animar a la hora de emprender en moda?

R: Espero que les anime y que les sirva de inspiración. Pueden ver que emprender no es una quimera, que son realidades. Al Dedal es un proyecto muy próximo, muy cercano. No estamos hablando de una macroempresa que se creó de la nada y que es puntera. Esa cercanía creo que puede apuntalar esas ideas de emprendimiento de los estudiantes.

P:Si alguien estuviera pensando en hacer un máster como éste de Comunicación y Gestión en Moda, ¿qué es lo que más destacaría?

R: Los 360 grados que propone, ofrece y realiza porque es una visión real de la empresa. Es moda, pero tanto lo que es la gestión y el marketing son elementos inherentes a cualquier empresa. En este caso, está centrado en moda, pero da una visión completa. Sale de la moda en sí, del diseño y todas sus proximidades para entrar en el mundo de la empresa con los parámetros de gestión y de marketing que son fundamentales para cualquier negocio.

P: Usted ha trabajado con grandes diseñadores como Manuel Piña o Sybilla. Ha vivido la evolución de la moda desde los años 80, ¿cree que se está podría hablar de creación de cultura de moda o aún queda por hacer?

R: Sinceramente, hace como unos 10 años, no sé si a raíz de la crisis, ha habido un retroceso en cuanto a cultura de moda se refiere, mientras que ha habido un incremento de la cultura de consumo. Me imagino que todas las épocas tienen sus reivindicaciones y creo que estamos en una época en la que están empezando a germinar revolucionarios en el mundo de la moda, aunque siempre los ha habido. Generalmente, surgen en momentos críticos, en épocas de crisis, cuando después de vernos achuchados empezamos a brotar con energía para hacernos oír. Estamos en un momento previo de grandes manifestaciones culturales, artísticas y sociales.

P: ¿Qué cree que se puede hacer para generar esa cultura de moda y que los consumidores sean capaces de valorar el trabajo que hay detrás de cada colección y de cada prenda?

R: Es fundamental la educación. Yo he vivido la educación en el poco y bueno, he conocido el mucho y da igual, y creo que hay una vuelta, o debería haberla, al poco y bueno. Y parte de la educación, desde las aulas, desde los más pequeños. Yo lo veo con mi hija, que buscan consumir y consumir sin darle valor a lo que consume. Tenemos que educar desde la infancia en los consumos razonables y razonados. Es decir, ¿por qué compro esto y no compro aquello? También es muy importante educar en lo que es la calidad en la confección, en la conciencia social corporativa de las empresas. No podemos comprar a cualquier precio. Todo tiene su razón de ser y si determinados productos tienen precios más elevados, posiblemente tengan un discursos social y profesional detrás que debemos de entender. Entonces, para mí todo se basa en la educación, empezando por nuestros hijos, seguido por los futuros diseñadores y los consumidores actuales. Deberíamos volver al consume menos y consume mejor.

P: Mucho se habla de que los diseñadores están preocupados por la creatividad y el diseño, y no tanto de la gestión. Sin embargo, muchos coinciden en que los futuros y actuales diseñadores ya tienen esa conciencia de la importancia de que haya un apoyo económico y que sea una empresa rentable. ¿Ha visto una evolución en este aspecto?

R: Creo que la ha habido, la hay y tiene que continuar. Durante mis clases en ESCO, hago una reflexión desde mi experiencia profesional.  He sido empresaria por “obligación” pero fue una obligación que yo decidí, la de montar mi propia empresa. Y durante mucho tiempo he querido taparme los ojos y no ver la realidad de la gestión de la empresa. Los diseñadores tienen que ser conscientes de que tienen que intentar que el diseño cohabite con la gestión de una empresa y con la rentabilidad. La creatividad es excelente, no dejemos de ser creativos, pero seguramente encontremos una forma de que esa creatividad sea rentable. Estoy muy a favor de las colecciones locas, donde se dispare nuestra imaginación, pero luego se puede hacer un ejercicio de contención para hacer prendas ponibles, que estén en la calle y que sean una realidad. Tendremos las dos opciones: la fantasía y la real, con un mismo hilo conductor y con rentabilidad a nivel empresarial.

P: Si tuviera que elegir algún libro que sea útil para futuros profesionales de la moda.

R: Un buen profesional de la moda tiene que leer mucho y leer de todo. Para trabajar en moda, como otras artes, lo que se necesita es información y cuanta más tengas y más variada sea, mejor. Leer cualquier libro que pase por nuestras manos, incluso revistas, siempre siendo productos de calidad, es bueno porque eso enriquece. Ya sea desde una novela del siglo XVIII que te da la perspectiva de una sociedad o una novela de ciencia ficción que te dará otro enfoque. De todas podrás sacar información y provecho.

P: ¿Y alguna sugerencia de película o documental?

R: Creo que El diablo viste de Prada es una buena película porque tiene muchos detalles que nos deberían hacer reflexionar, de cómo el mundo de la moda se ha pasado a un mundo de marketing y de cómo quien dirige los hilos del mundo de la moda no son los propios diseñadores, sino que es la prensa, por un lado, y la industria potente, por otro. Es una película que hay que ver más allá de los personajes.

P: Y por último, si tuviera que quedarse con algún personaje que le haya inspirado….

R: Me inspiran muchas personas, tanto conocidas como desconocidas. En el mundo de la moda, mis grandes inspiraciones fueron mi madre que me enseñó a amar mi oficio, siguiendo por Manuel Piña, quien me descubrió la pasión por el mundo de la moda, y después por Sybilla, quien me descubrió como una aguja, en buenas manos, puede ser mágica.  Y un largo etcétera de colaboradores con los que habitualmente trabajo.